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Piel sensible e intolerante

Mientras mejor se comprenda la piel, mejores cuidados se le pueden aportar

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Las personas con piel sensible padecen síntomas muy desagradables en el rostro, que pueden acompañarse (o no) de eritema (enrojecimiento). Los síntomas pueden incluir sensación de cosquilleo, tirantez, calor o incluso ardor, y con mucha menos frecuencia, prurito (picor). Es muy común que no toleren bien la aplicación de productos cosméticos en el rostro.

Resumen
  1. ¿Cómo reconocer una piel sensible o intolerante?
  2. ¿De dónde proviene esta sensibilidad de la piel?
  3. ¿A quiénes afecta?
Piel sensible e intolerante

¿Cómo reconocer una piel sensible o intolerante?

Una piel sensible e intolerante reacciona más que una piel normal, es decir, es hiperreactiva. Experimenta sensaciones de cosquilleo, calor (quemazón), hormigueo y picor (aunque esto es poco frecuente), la mayoría de las veces de manera intermitente.
Estas sensaciones de incomodidad a veces también van acompañadas de enrojecimientos y se manifiestan de forma exagerada como reacción a estímulos de naturaleza diversa que, normalmente, no deberían causar irritación.
Dichos factores o estímulos pueden ser:
. Físicos: Radiación UV, calor frío, viento, variaciones de temperatura o el propio el hecho de frotarse la piel…
. Químicos: Productos cosméticos, jabones, agua, afeitado
. Psicológicos: Estrés, emociones…
. Hormonales: El ciclo menstrual, menopausia…
. Factores internos: Alimentos muy condimentados…
 
Una piel sensible e intolerante reacciona, entonces, a ciertos estímulos que en otros tipos de piel no tienen ningún efecto adverso. Esta hipersensibilidad de la piel tiene como consecuencia una disminución de su umbral de tolerancia. Mientras más sensible sea la piel, más bajo es su umbral de tolerancia. En el caso de una piel sensible, las reacciones se presentan de manera transitoria, en determinados momentos. En el caso de una piel intolerante, las reacciones son constantes o casi constantes, con un umbral de tolerancia permanentemente cerca de cero. 

¿De dónde proviene esta sensibilidad de la piel?

El fenómeno de piel sensible es realmente frecuente, pues afecta a 1/3 de la población adulta. Las mujeres (60 %) sufren esta condición en mayor medida que los hombres (40 %). Algunas pieles, además, tienen mayor predisposición a la sensibilidad que otras, debido a factores familiares y genéticos, en particular las pieles claras, aunque el color de la piel no tiene nada que ver con su grado de sensibilidad. La frecuencia con la que se presenta este problema muestra, sin embargo, una tendencia a disminuir con la edad.
Una piel sensible puede ser, también, una manifestación clínica de alguna patología del rostro, como rosácea, eczema o dermatitis seborreica, por ejemplo.
La falta de precaución al respecto de los factores que típicamente pueden desencadenar este fenómeno favorece no sólo su aparición sino su agravamiento.
Tener piel sensible no tiene consecuencias psicológicas, aunque sí implica que ciertos momentos simples de la  vida pueden alterarse debido a este tipo de reacciones. Además, lidiar con otras patologías dermatológicas puede resultar más complicado, porque es fácil que los tratamientos locales sean poco tolerados.

¿A quiénes afecta?

El fenómeno de piel sensible es realmente frecuente, pues afecta a 1/3 de la población adulta. Las mujeres (60 %) sufren esta condición en mayor medida que los hombres (40 %). Algunas pieles, además, tienen mayor predisposición a la sensibilidad que otras, debido a factores familiares y genéticos, en particular las pieles claras, aunque el color de la piel no tiene nada que ver con su grado de sensibilidad. La frecuencia con la que se presenta este problema muestra, sin embargo, una tendencia a disminuir con la edad.
Una piel sensible puede ser, también, una manifestación clínica de alguna patología del rostro, como rosácea, eczema o dermatitis seborreica, por ejemplo.
La falta de precaución al respecto de los factores que típicamente pueden desencadenar este fenómeno favorece no sólo su aparición sino su agravamiento.
Tener piel sensible no tiene consecuencias psicológicas, aunque sí implica que ciertos momentos simples de la  vida pueden alterarse debido a este tipo de reacciones. Además, lidiar con otras patologías dermatológicas puede resultar más complicado, porque es fácil que los tratamientos locales sean poco tolerados.